La enfermedad es una novela excelente, pero no se dejen engañar: Ernesto Durán, a quien en el resumen de la contraportada se le da una participación importante, no es más que un personaje secundario para ambientar la trama y darle giros emocionales a la historia de la verdadera protagonista, invisible y casi intangible: la muerte, que realmente pareciera acercarse con cada respiración de los protagonistas, y por su puesto, de los lectores.
La trama gira a través del doctor Andrés Mirada, y del Viacrusis que tiene que pasar con su padre para decirle algo que había estado presintiendo sin razón aparente, que una enfermedad había llegado para no irse sin cobrar víctimas.
Escrita de una forma inteligente, la novela transcurre en contrapunto entre las meditaciones filosóficas del doctor Miranda a los desvaríos del hipocondríaco obsesivo - compulsivo de Ernesto Durán. Lo que pareciera desarrollarse a veces como una trama cinematográfica Holiwodense en la que uno se enfrentará al otro al final del libro, se desenvuelve de manera sutil, muy al estilo de la literatura latinoamericana.
A través de la historia pareciera que uno contemplase la vida del doctor, mientras que lee en la mente de Durán a través de un enredo que la secretaria del galeno propicia. Pero esto es lo que enriquece el suspenso de la historia. ¿llegará El doctor Miranda a encontrarse con Durán alguna vez? ¿Llegarán a existir el uno para el otro? Será que el que se muere es el doctor a manos de Durán, y no el viejo Miranda, el verdaderamente enfermo? La historia tiene muchas posibilidades mientras se avanza en la lectura.
La Enfermedad de Alberto Barrera Tyska es en realidad una novela saludable, que hará sentir muy bien a los lectores. Su autor descubrió la técnica de los grandes escritores latinoamericanos de esta era, que escriben de forma culta, haciendo verdadera literatura, pero accesible a las masas. |