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Una Película de Terror en Venezuela… Se hace así

En la calle “mi guairita” de Plaza Venezuela, se encontraba ubicada la productora nacional de películas de horror...

 

 

Eran las 9 de la mañana, los reflectores producían un calor intolerable, los tramoyistas acosaban a las extras mientras ellas, a su vez, se deleitaban viendo a un actor tan famoso de cerca. El técnico de iluminación había logrado un efecto aterrador. Una gota de sangre artificial caía por el muy trabajado abdomen del actor Mario Rondón, mientras todos esperaban impacientemente la llegada de Marlene Gómez (actriz principal de la compañía), para grabar la escena final de la película “Muerte en Palo Verde”, dirigida por Juan Carlos Brito y en la que llevaban seis meses de trabajo incesante.

El celular del director recibe una llamada misteriosa, su cara, empalidecida repentinamente, revela de antemano, la magnitud de la noticia recibida. El grupo observa atentamente, mientras una tensa calma se apodera del set de grabación. El director se retira, dejando a todos en un atronador silencio y una incómoda espera.

Regresa el esperado anunciante, trayendo una terrible noticia: Marlene Gómez ha desaparecido. Ya se ha notificado a la policía, quienes se encuentran próximos a llegar.

Se aguarda en silencio, el mismo que desde hace dos horas llena el estudio. Mario Rondón quiebra la tensión, asombrado por la negligencia de las autoridades, quienes luego de tres horas de espera, no hacían acto de presencia.

La noticia de la desaparición ya era de conocimiento público, lo que trajo consigo la llegada de la fanaticada a los alrededores de la productora; quienes entre llantos y lamentos, especulaban sobre lo sucedido.

Una voz surge de la multitud, afirmando, que en la madrugada anterior la había visto salir de un bar de la avenida Solano, llorando desconsoladamente, por lo cual supone que fue víctima del hampa común. Otro opina que en realidad la depresión la llevó a lanzarse al metro y por ello se anunció el retraso del cual todos se quejaban.

Las únicas personas que lograban formar parte del mundo tan sombrío y solitario de Marlene, sus fans, entre lamentaciones y teorías acerca de tan inesperado acontecimiento, llegaron a conclusiones; para unos descabelladas, para otros completamente acertadas, como la presunción de que Juan Carlos Brito, seguramente consideraba que por la edad, su imagen ya no era una figura comercial, y ante la cobardía de reemplazarla o despedirla de la productora, bien fuese por los años de amistad, por el contrato firmado o por todos los secretos que ella conoce sobre el funcionamiento de la empresa, la asesinó.

Mientras Brito era sometido a interrogatorio, su cuerpo fue hallado en el set de grabación, entre maniquís y utilería. El llanto era ya desesperado entre sus seguidores y la cruel sospecha, hacía mella en el animo de los actores al mismo tiempo que causaba discordia entre el personal de la empresa.

No hay nada que hacer… Están todos encerrados gracias a las autoridades… “el asesino tiene que ser uno de nosotros,” “seguro fue Patricia que siempre la envidió” “¿Patricia? ¿Dónde está?” “¿También desapareció?” “No, esta con Brito en su oficina”

Uno a uno, empiezan a tomar partido entre los dos principales sospechosos, el afamado director y la frustrada actriz de reparto…

En medio de la confusión, un grito aterrador corta la tensión en seco, la maquillista acaba de encontrar a Mario Rondon (nuestro galán) degollado en el set de la escena final. El pánico se apodera de todos, quienes desesperados corren hacia la puerta principal, la cual, está cerrada desde afuera por orden del detective. Las acusaciones continúan, mientras el miedo los carcome desde el interior y la vieja leyenda del antiguo dueño del estudio retumba en las paredes de la productora.

“Vino para vengarse de Juan Carlos” dice más de uno, aunque nunca falta el escéptico que menciona la imposibilidad de la existencia de los fantasmas. Nadie se deja convencer. Cada uno se encuentra encerrado en su propio temor.

Al salir el detective de la oficina en donde acaba de interrogar a Patricia y a Juan Carlos, es acosado por mil preguntas distintas al unísono, él no escucha ninguna, ya sabe quien es el culpable, pero necesita ver los cuerpos para confirmar su teoría.

Con paso lento pero seguro, el detective, con el rostro sudoroso, se acerca al cuarto en el cual están depositados los cadáveres, otrora símbolos de un mundo ideal, lejos de uno mismo.

Sus caras atravesadas por la sombra de la muerte, simulan el mejor de los trabajos de maquillaje de la empresa.

El silencio penetra hasta lo mas profundo de su alma, mientras sus ojos sienten indecisión y pánico sobre lo que están próximos a ver; sus manos, temblorosas, se atreven a tomar el pálido rostro de pronunciadas mejillas y labios sencillamente incitantes de Marlene, para descubrir sus peores sospechas, el asesino es…

“CORTEN!!! “El maquillaje no se ve real, desde aquí le noto el sudor” “Marlene, te he dicho mil veces que no puedes respirar, se nota que sigues viva” “ y tú, más detective es mi abuelita chico, si no le vas a poner seriedad y vas a seguir buceándote a Marlene me busco a otro”…“ Escena 18, toma 4, vamos a ver si aprenden como hacer una película de horror venezolano muchachos”.

 

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