Quizá el público no ha notado que el teatro venezolano está abriendo una puerta que a muchos de los amantes del buen teatro aterra, y no es otra que la puerta del “Teatro Comercial”.
Todo comenzó con la gracia de Mimí Lazo y su obra El aplauso va por dentro , en los alrededores del 1996, que no era otra cosa que la historia de una mujer cuarentona que nos cuenta sus problemas y frustraciones desde un gimnasio. Fue todo un boom : era la primera vez que una mujer contaba libremente sus problemas en un escenario.
Nadie se esperó que las mujeres, al sentirse identificadas, fueran tan masoquistas: veían la obra una y otra vez. Pero lo que más conmocionó a la crítica y al público es que hasta los hombres se mataban por ver El aplauso va por dentro ; entonces, la obra ha tenido temporadas más largas que la despedida de Ilan. Un aplauso para Mimí, no sólo porque revolucionó las tablas venezolanas, sino porque llenó de frescura el teatro y logró que la gente se interesara más por él.
Pero el triunfo de Mimí también tuvo su lado negativo: gracias a su gran éxito salió, unos años después, en el 2001, Los monólogos de la vagina , protagonizados por Elba Escobar, Gledys Ibarra, Eva Moreno, Tania Sarabia, Carlota Sosa y Beatriz Valdés. Esto no era más que un denso manifiesto feminista, basado en un cúmulo de experiencias y vivencias íntimas que surgieron de entrevistas con más de 200 mujeres de diversas nacionalidades, edades y tendencias políticas y sexuales.
En cada función tres mujeres, descalzas y ataviadas de negro, se sientan cómodamente sin mayores pretensiones para lanzar un manifiesto de ese oscuro objeto del deseo: la vagina.
La pieza daba pie a propuestas de teatro light . Acto seguido, los gemidos y el clítoris también forman parte de un discurso, que se debate entre la tragicomedia y lo conmovedor, que puede resultar una disertación sobre los misterios y opiniones que rodean a la vagina.
Para empeorar la situación, Los monólogos de la vagina abrió las puertas del dificilísimo mundo del teatro a gente que no tiene idea de lo que es un escenario, gente que en su vida han estudiado algo sobre teatro; apuesto que ni han leído Romeo y Julieta . Además de que son pésimas, la gente las iba a ver, en lugar de ir a las escuelas de actuación o las escuelas de Arte de todo el país, donde hay un gente súper talentosa esperando una oportunidad y que por no tenerla sólo le queda hacer el trabajito de extra en RCTV, Venevisión, o uno que otro montaje en sus respectivas escuelas.
La cuestión es que para los teatros y las compañías es más rentable un montaje dónde participen Fabiola Colmenares, Marianela Salazar y Chiquinquirá Delgado, que María Pérez , Juana Martínez y Pepito Pérez , gente que quizá tienen mucho tiempo haciendo teatro, pero no son conocidos porque no aparecen en novelas estelares, programas de concursos o noticieros. Eso es muy triste, pero es la realidad: los jóvenes actores tienen que pasar la vida con papelitos de segunda en la tele para que en el teatro los puedan ver con buenos ojos.
Pero la desgracia del ataque de los monólogos nefastos no acaba aquí, la desgracia continuó con la respuesta masculina: apareció en la escena Los diálogos de la paloma . Pónganse a pensar un poco: ¿qué es más interesante, ver a un grupo de mujeres hablar de sus intimidades, sus problemas con los hombres y familia o un grupo de hombres contando las mismas estupideces que siempre dicen sobre ellos y su órgano sexual? Creo que la primera ¿verdad? Eso explica entonces porque no tuvo éxito.
Después de esto y muchísimas funciones de El aplauso va por dentro y Monólogos de la vagina , sale a escena Primero muerta que bañada en sangre , con Dag Dáger, Alicia Plaza y Daniela Bascopé. Interpretaron a tres mujeres de diferentes generaciones, que a través de distintas historias manifestaron los dramas de una mujer contemporánea que lucha por abrirse paso en un mundo de prejuicios, dominado por hombres. La verdad no hay comentarios acerca de eso.
Yo no entiendo que está pasando con el teatro venezolano, se acabó el misterio, todo está allí, tan explícito como en la calle. Y ahora ¿Qué hacemos con este teatro que nos lleva a ser menos imaginativos de lo que ya la televisión nos hace? ¿Por qué no se seguirá conservando la idea de los antiguos griegos que decían que el teatro era para educar a la polis ? El teatro se convirtió en algo banal, superfluo, sin sentido, la verdad es que este es un acto de nuestra propia obra teatral que no quiero seguir viendo.
| Nuestra visión del arte escénico ha mermado gracias a la nueva oleada de teatro comercial que será un capítulo censurado en la historia de las tablas venezolanas; porque ahora está en la escena otro grupo de obras que llenan las salas de gente que piensa que gente como Fabiola Colmenares, Chiquinquirá Delgado o Daniel Sarcos pueden ser actores de teatro. |
"El teatro se convirtió en algo banal, superfluo, sin sentido, la verdad es que este es un acto de nuestra propia obra teatral que no quiero seguir viendo". |
Este año están en la escena nacional otro grupo de mujeres quejándose de que nadie las entiende: Confesiones de mujeres de 30 protagonizada por Crisol Carabal, Lourdes Valera y Ana María Simon. Son tres mujeres que, humorísticamente, cruzan sus historias sobre experiencias pasadas con esperanzas futuras. Son las típicas mujeres treintonas o cuarentonas quejándose de la presión social, de los hombres, los hijos y el perro.
Pero lo que más entristece de esta nueva oleada de “teatro” es una obra de Rosa Clemente, con versión y dirección de Napoleón Riviero, donde la protagonista es una mujer que se ha destacado por ser la “actriz revelación” en los programas de televisión (sí, como en el oscar o los Emmy) y que ahora está tratando como todas las demás de hacer teatro porque está de moda.
Es nada más y nada menos que Andreína Álvarez: la que comenzó con el programa Ají Picante y su chupeta que la hizo famosa, luego saltó a ser “actriz cómica” en Radio Rochela y después apareció como relleno en otra novela de RCTV. Y como a la gente supuestamente le gustó ahora es “actriz de teatro”. Lo más triste es que en las escuelas de arte escénico de la ciudad se siguen esperando las oportunidades.
Este tipo de teatro quiere pasar por teatro existencialista, pero no lo logra, es sólo comedia fácil que deja mucho que desear. Todos se ríen, es cierto, pero no se dan cuenta de que la gente se ríe de ellos, no con ellos. Quizá este nuevo capítulo del teatro venezolano quede en el libro negro del teatro latinoamericano, porque lo peor del caso es que en el exterior sólo ven a un grupo de mujeres que se quejan de su forma de vida y que no hacen nada para cambiarla.
Estamos cansados de ver a la misma gente de la tele (que algunos dejan mucho que desear) dándosela de teatreros y quitándole las oportunidades a los que se matan muchos años estudiando teatro y tienen realmente talento. ¡Ojo! Con esto no estoy diciendo que sea malo este tipo de teatro, lo único que condeno es lo repetitivo
Apoyemos al talento de las escuelas de Arte y Teatro y bajemos El ataque de los monólogos nefastos , quién sabe hasta donde y que tan bajo harán caer al teatro venezolano |