Una de las producciones nacionales más interesantes de este añol.

Miranda de Diego Risquez

El “super héroe” venezolano vence en las carteleras a los super héroes extranjeros. Es la más taquillera del momento.

Fernando Calderón

    Formas de empezar hay muchas, sobre todo cuando se tocan temas demasiado complejos como la significación de una película en la filmografía de un país tan joven y con tan poca historia cinematográfica como el nuestro, que es el caso que nos atañe en este momento.

En cualquier caso parece bueno comenzar por el principio: La trama, como todos sabemos es un filme tipo biográfico sobre la vida y obra del General Francisco de Miranda, lo cuál a pesar de lo corto del argumento para nada demuestra la complejidad de la historia debido a la gran cantidad de matices del personaje.

En el caso de Miranda , de Diego Risquez la complejidad va por 2 líneas principalmente; por un lado la historia como tal, y por otro a nivel formal, teniendo en cuenta que lo formal se refiere a los aspectos meramente técnicos que se conjugan en la película, como fotografía, sonido, vestuario, etc., etc. Lo particular del filme es que presenta una ultra desarrollado aspecto técnico en cuanto a dirección, montaje, dirección de arte y escenografía, que a su vez crean un contraste fortísimo entre lo “naif”, en cuanto a profundidad y desarrollo del guión.

Las dos vías al cine “de época”: La dirección.

Una de las principales vertientes del cine de Risquez es que sus películas son desarrolladas en épocas del pasado menos reciente del país, esto es lo que se llama en cine como género el “cine de época”, porque se refiere a las que están a medio camino entre la historia reciente y la historia más antigua. Por lo general las llamadas películas “de época” se desarrollan entre el siglo XVI y XIX. En el caso de Miranda , va desde 1770 hasta el año de la muerte de Francisco de Miranda en la Carraca , ocupándose de un período más o menos amplio en la historia.

En este caso, al tratarse de la “época dorada” de la historia venezolana hablamos de una iconografía bastante desarrollada, es decir, nuestro imaginario tiene nociones e imágenes sobre las situaciones, batalla y mártires del país, todo ello gracias a la pintura neoclásica/romántica de finales del siglo XIX, teniendo en Arturo Michelena y Martín Tovar y Tovar los dos máximos exponentes.

La primera decisión de un director al enfrentarse a una película de época es decidir si respetará y/o utilizará la iconografía ya establecida o si por el contrario se dedicará a desmitificar la misma y crear su propio sistema de valoraciones e imágenes. Ejemplos antagónicos: La pasión de Cristo y La última tentación de Cristo .

En el caso de Miranda, el director decidió para la mayoría de los casos apoyarse y emular la iconografía ya establecida por las artes plásticas que antes mencionamos, siendo un ejemplo bastante interesante de citas y “guiños de ojo” al espectador sobre las obras del pasado artístico reciente.

Así mismo la dirección se apoya en detalles bastante teatrales que le dan en ocasiones tintes de genialidad a la obra, como por ejemplo las transiciones del personaje de un país a otro; y en otras la sensación de estar viendo un programa barato de televisión.

En cuanto a las actuaciones y la dirección de actores, existe más o menos la misma dualidad, por momentos se nota que los actores y actrices no están al 100% de lo que se les puede exigir, lo cuál es definitivamente un detalle responsabilidad del director. La nota positiva en este aspecto es el “descubrimiento” de Luis Fernández como actor serio, de carácter, que es junto a Luigi Schimana de las más sólidas performances a lo largo del filme.

Por su parte, lo peor de la película es lamentablemente lo que debe ser su columna vertebral: el guión. Lamentablemente como ya se está haciendo mala costumbre en el cine nacional, un guión crudo, con errores de todo tipo tumban un planteamiento que podía ser muchísimo más interesante.

Padrón intenta a través del guión establecer una relación entre los amoríos de Miranda con sus mujeres con las patrias y las “revoluciones” en las que participó. El intento, es válido y en caso de haber sido bien desarrollado hubiera sido interesantísimo, lamentablemente se queda a medio camino y trata todo superficialmente.

La relación que intenta demostrar el escritor a través de este paralelismo es por un lado la “infidelidad” de Miranda a sus mujeres, que se ve traducida y reflejada en su “falta de compromiso” con las revoluciones en las que participó. Lejos de que ello deje mal parado al personaje en cuanto al dilema moral, lo deja como un humano que nunca se traiciona a sí mismo al no acceder a hacer nada con lo que estuviera de acuerdo, y que con la velocidad que cambian los ideales y las rutas, y sobre todo con la facilidad que se desvirtúan los procesos “revolucionarios”, siempre ser acusado de “traidor” (a la patria, a la corona, a la revolución, etc., etc.).

En líneas generales uno se da cuenta a primera vista que lo que necesita nuestra industria cinematográfica es la formación Urgente de guionistas y escritores que se dediquen a escribir sobre cine. Aun y cuando ello esté muy lejos del panorama nacional lo mínimo que se le puede pedir a los existentes es un poco más de profesionalismo y amor al trabajo.

Un guión como el que acabamos de evaluar necesitó al menos unas cuantas re-escrituras más de las que se hizo, si es que se llegó a rescribir.

Salvo este detalle, no deja de ser uno de los intentos más interesantes de este año en cuanto al cine nacional respecta.