Argo: Sobre una película falsa que se gana un Oscar real

    Todos lo sabemos. Se merece un Oscar y quizá más, pero ¿De què trata?

    Irán. 1979. Tras la ocupación de la embajada estadounidense, seis diplomáticos se refugian en casa del embajador canadiense. Para recuperar a los rehenes sanos y salvos, la CIA recurre a Tony Mendez, un experto en rescates que organizará todo un evento fílmico haciéndose pasar por una película falsa con tal de traerlos de vuelta a casa.

     Hasta apenas una semana antes de ver la cinta, no me decidí a leer de que trataba. "La película era falsa, la misión era real". La premisa era interesante, pero tras media hora de ver la cinta y dejado atrás lo curioso de la misión, la producción doble de Affleck tenía todas las cartas para convertirse en otra misión heroica más protagonizada por un hombre con problemas familiares y que tras alguna complicación se resolvía de forma sencilla y llevada al patriotismo. Pero entonces yo no estaría escribiendo esto, porque Argo jamás habría pasado de entretenimiento medio y estaría ahora a kilómetros de las nominaciones a los Oscar... Claro.

    Y el punto de inflexión se produce más o menos a mitad de cinta. Tras un inicio bien montado y que de alguna forma te hace sentir que algo emocionante está por venir, Argo va construyendo poco a poco una misión arriesgada con un equipo de lo más peculiar. Arkin y Cranston son la mano derecha de un Affleck serio pero eficaz, que logra montar un producción imaginaria sin ponerse en modo héroe americano. Pero la cosa peligra volverse aburrida y típica cuando el protagonista llega a tierra iraní y la misión va avanzando a un ritmo rápido sin más complicación. Es ahí donde sucede el punto de inflexión: la misión ha sido cancelada.

    Una de las claves para entender el éxito de ‘Argo’ en todos los frentes es que Affleck no cae en el error de optar por el típico academicismo para abordar una historia son suficiente interés en sí misma. No pocos hubieran apostado por una aproximación puramente dramática a una historia real que trae inmediatamente a la memoria la reivindicable ‘La Cortina de Humo‘ (Wag the dog, Barry Levinson, 1997), donde el humor era la tónica dominante hasta que se producía un giro dramático final que no terminaba de encajar del todo bien con el tono del resto de película. Eso no sucede en ‘Argo’, donde Affleck sabe cómo usar el guión de Chris Terrio para, manteniendo siempre en perspectiva el dramatismo del hecho real del que parte, jugar con los géneros que mejor se amolden a cada situación para que la película funcione al mismo tiempo como propuesta de corte artístico y singular entretenimiento para todo tipo de público.

    Entonces, Completamente recomendable, Argo no sólo se merece el Oscar que se ha ganado como mejor película, también se merece que todos salgamos esta semana a verla.

     

     

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