Una noche diferente en el Teatro Teresa Carreño.

“Gardel… vivito y tangueando”

  

Duvraska Plaza

Por dónde comenzar a contarles lo que sucedió, como podré controlar las palabras que se atropellan con los sentimientos. Es difícil ser enteramente objetiva cuando una siente la música, el calor, la perfección, las luces y la sensualidad de un piano que silva suavemente, un violín que acaricia la voz apasionada del contrabajo y los suntuosos gemidos de un bandoneón que sólo puede traducirse en cuatro piernas que se cruzan y se acarician, en cuatro manos que se aprietan y dos pechos que respiran al compás, simple y sencillamente: ¡El Tango vive! Trataré de ordenarme para contarles como fue este atinadísimo evento.

Al llegar a las instalaciones del tan amado y muy mal aprovechado (hasta ahora) Teresa Carreño lo primero con lo que choqué mi vista, un tanto agotada por los golpes del metro, fue con un pendón inmenso con una foto de alguien muy parecido al “Morocho del Abasto” pues si un anuncio que dice “Gardel… vivito y tangueando”, se me aceleró la sangre, mi ansiedad estaba llegando al límite.

El lobby del teatro estaba lleno de la típica gente que esta esperando al pana que tiene las entradas; caminan de un lado al otro impacientes por la hora, envían mensajes de texto, fuman sin parar, se encuentran uno que otro amigo, pero nunca el que tiene la entrada. Al fin comenzamos a subir las escaleras mecánicas del teatro y al llegar al primer piso nos recibe un cuarteto tocando la reconocidísima “Cumparcita”; se paseaban luego por varias melodías tangueras que más de uno le provocó echar un pie, pero la seriedad y la pena los hacían contenerse.

Entramos, la Orquesta Sinfónica Venezuela estaba afinando sus instrumentos. El escenario, a telón abierto, nos mostraba una espacie de plaza pública (que luego pasaría a ser un bar, un salón francés y la nada de un sueño) donde habían unos árboles, una banco de parque unos faroles y una estatua de Carlos Gardel.

Se escucha de repente la voz de bienvenida al teatro que avisa que no se pueden utilizar cámaras con flash y también que recuerden que deben apagar el celular y cualquier otro aparatejo que haga ruido. Bajaron las luces y no faltó el animal del monte que tenía el celular encendido y alguien lo llamó en ese momento.

Comenzó la función desfilaban los actores de un lado a otro, entran cuatro músicos, entre los que se encuentra el reconocido actor venezolano Pedro Durán que representaba a Gardeliano, quien es el “protagonista” secundario (por decirlo de alguna manera porque obviamente el protagonista es Gardel y su tango) del musical. Se colocan frente a la estatua de Gardel, Gardeliano le coloca un cigarrillo en la mano a la estatua y comienzan una especie de serenata a la estatua. Mientras los músicos tocan y cantan, para sorpresa de Gardeliano y del público, la estatua cambia de pose cada cierto tiempo, a los otros músicos que se encuentran en la escena parece no importarles que la estatua haga eso, así que cuando terminan su canción se retiran llevándose al impresionado y asustado Gardeliano.

Unos segundos después regresa Gardeliano y cuando se le va a acercar a la estatua para quitarle el cigarrillo hay una explosión y en lugar de la estatua esta nada más y nada menos que el mismísimo Carlos Gardel (en el cuerpo de Simón Pestana). De allí en adelante el derroche fue total.

El musical se paseó por los hechos más importantes de la historia del tango y su evolución de la mano del mismísimo Carlos Gardel y Gardeliano que ayudaba a hilar los momentos y al mismo tiempo traía de la mano a Gardel al siglo XXI. Entre los acordes de la Orquesta Sinfónica Venezuela, las melodías del Ensamble Nueva Segovia y el resto de los intérpretes se lucía Tango Caracas bailando como sólo ellos pueden hacerlo desplegando toda la gracia, belleza y sensualidad del tango mismo.

La música de la Orquesta Sinfónica Venezuela le erizaba los vellos a más de uno con canciones como “Cuesta abajo” en la voz de Germán Segura, “Nuestro Balance” en la voz de William Alvarado. Pero una de las sorpresas más gratas de la velada fue cuando Simón Pestana fue poseído por el espíritu del Morocho del abasto y cantó uno de los tangos más conocidos “Por una cabeza” y en un gesto hermosísimo que hizo al público aplaudir y gritar Pestana dijo mirando al “cielo”: -Gracias Carlitos, gracias-. Y luego bailó con su gran amor María (interpretada por María Teresa Ogliastri), dejando a todos fascinados con su facilidad para el tango.

Después de todo eso apareció otra sorpresa para el público; al fondo de la escena se proyectaba a Carlos Gardel cantando “El Porteñito”, pero era sólo su voz y su imagen, porque la música era en vivo interpretada por el “Ensamble Nueva Segovia”, lo mismo sucedió con “Mi viejo Smokin” y el fabuloso final con “El día que me quieras” donde más de uno echó su lagrimita.

Pero llegó el momento más conmovedor de la noche, el homenaje. Mientras Gardel y Gardeliano recordaban la llegada del Morocho del abasto a nuestro país aparece por una esquina una chica muy emocionada a la que Gardel le pregunta su nombre y entre su emoción y la euforia responde: “Ma… Ma… Matilde”; y ante la emoción sale corriendo después de recibir una flor de manos de Carlos Gardel. En ese instante Gardeliano le pregunta al Morocho quién era esa muchacha y este le contesta que va a ser la madre un gran dramaturgo venezolano nada más y nada menos que José Ignacio Cabrujas.

Existe un gran misterio en cuanto a este homenaje que hace Franklin Tovar a Cabrujas en este musical. Hay dos versiones, en una se dice que cuando Gardel vino a Venezuela Matilde, la madre del dramaturgo (que en el musical es interpretada por Karelyz Rolas) deseaba ir a conocerlo pero su marido que era muy celoso se lo prohibió y está impulsada por su deseo se escapó y conoció al Morocho del abasto y los recuerdos de ese encuentro eran “los cuentos para antes de dormir” de Cabrujas. En la otra versión se cuenta que Matilde se quedó en casa como ordenó su marido y comenzó a imaginarse como hubiese sido su encuentro con Carlitos y luego se lo contaba a su hijo. Sea cual fuere la verdad de este episodio fue lo que inspiró a José Ignacio Cabrujas escribir su muy famosa obra “el día que me quieras” en homenaje a su madre.

Después del conmovedor final de este viaje por la historia del tango y de la vida de Carlos Gardel, Gardeliano parece despertar de su sueño y regresa a la plaza donde comenzó todo y le dice a la estatua que Gardel aún vive en el tango y la memoria de todos los que sentimos amor por su música, su baile, su vida.

Desde Corrientealterna.net le damos el más intenso de los aplausos y unas inmensas felicitaciones a Simón Pestana (Carlos Gardel), a Franklin Tovar (Director general), a Tango Caracas, a la Orquesta Sinfónica Venezuela, a el Ensamble Nueva Segovia, a los cantantes, los iluminadores, escenógrafos, tramoyistas, vestuaristas, porque todo les quedó fabuloso. Y principalmente a todo el equipo de Producción del Teatro Teresa Carreño porque al fin pegaron una, esperemos que abran más funciones para que todos tengan la oportunidad de disfrutar de un musical digno de Brodway.