En horas de la tarde, alrededor de redes y aguas de islas en silencio, tuvimos el grato placer de revivir deseos, recuerdos y cómplices risas de la reconocida actriz venezolana Francis Rueda. Muchos minutos alcanzaron profundos sentimientos y melancólicos recuerdos en esta actriz y que fueron revelados a Corriente Alterna. Un té y un café, gustosamente ofrecido por el Laboratorio Teatral, permitieron darle color y un tanto de aromas a este Encuentro con Francis Rueda…
Muchas personas le hablan al espejo, ¿usted les habla a sus personajes? ¿Sus personajes la encuentran o usted a ellos?
Bueno, tú sabes que en el transcurso de la carrera de un actor y de una actriz uno va buscando su metodología. Yo trabajé mucho con el espejo algunos personajes hace muchos años y fue una experiencia interesante. Y después con el tiempo al estudiar Stanislavsky, que también ha visto a Brecht, ha leído a Artaud, que has hecho talleres, tú vas agarrando de cada uno lo que te favorece como actor. Porque pienso que lo que me sirve a mí, a lo mejor no le sirve a otra actriz o a otro actor. Y he llegado a la conclusión que el actor tiene que ir detrás del personaje, porque el personaje es el que te lleva a todo. Él aparece cuando hay una comprensión del actor por la obra o por el personaje. Él es el que me van diciendo todo. Yo lo único que les doy es mi cuerpo. Como digo en mi espectáculo: “mi sangre, mi cuerpo, mi ser total…”. Trabajamos con el espejo y fue interesantísimo. Muchos personajes interesantísimos nacieron de ahí, del espejo.
En tus presentaciones en Encuentro con Francis Rueda ¿qué te dice la gente cuando les muestra tus distintas interpretaciones, todos los personajes uno por uno? ¿Y de tu participación en el Festival de Monólogos, qué impresiones quedaron en ti?
Este espectáculo tiene algo muy particular, porque yo nunca imaginé hacer un espectáculo así. Pero el año pasado se abrió una sala experimental bellísima con mi nombre en la Universidad Bolivariana de Venezuela y mi regalo para la inauguración fue preparar un espectáculo mínimo con cuatro personajes: Lucrecia de Gilberto (Pinto), la Brusca de Rengifo, la Medea y el rompimiento de Guinad. Y no había lo que hago ahora entre fragmento y fragmento que hablo sobre lo qué es la profesión del actor. Y fue tan increíble ése momento como de veinte minutos. Pues dije: “Voy a hacer un espectáculo con más personajes”. Y Gilberto y yo escribimos lo que va entre fragmento y fragmento, sobre todo el misterio de la creación. Y fue maravillosa la receptividad del público. Tuve la posibilidad de hacer un espectáculo compacto, con más personajes y le metí la Greta Garbo, la Cloe de Final de Partida, esa canción de Morial que fue como esas cátedras del humor que se hacían en unos espectáculos del Aula Magna y otros personajes. Y ha sido tan increíble la receptividad del público y de la gente de teatro. ¡Es impresionante! Todos dicen que es una clase de actuación, porque me desnudo al público con mis temores, con el placer que es esa transfiguración de jugar a ser otro, ése misterio para el espectador que no es actor, que no está acostumbrado a eso. Y en el Festival de Monólogos, yo llevé el proyecto y le gustó mucho a la gente que estaba organizando ése evento. Fue bellísima la noche del Rajatabla. Cuando lo presenté en el Rajatabla… Había mucha gente joven que me agradecieron mucho. Era un conversatorio, son mis miedos. Con ese temor que siente uno al salir, que es tan sabroso y que yo espero que nunca se me quite. Y después cuando sales a escena, que te encuentras con el espectador, ya eso es un placer enorme. Una cosa tan divina que se te olvidan los miedos.
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Bueno, hablándome también de esos miedos ¿Cuéntame sobre Medea? ¿Dónde está, qué te atrae de ella?
Medea es un personaje que toda la vida me llamó la atención, desde que estaba empezando en la escuela. Nunca había hecho un autor griego. Aunque ésa fue la obra de Anouilh basada en la de Eurípides, respetando todo, pero es más moderna. Admití que nunca iba a hacer Medea por todas mis condiciones como actriz. Yo vi a la Callas haciéndolo, vi a Irene Papas haciéndolo y dije no, “yo no voy a hacer eso”. Entonces, cuando cumplí cuarenta años de actividad profesional, Gilberto me regala su dirección de Medea para yo interpretarla. Me voy a meter en camisa de once varas. Llamamos a unos actores que coincidían con el estilo de trabajo nuestro: Nirma Prieto, Vito Lonardo, Alberto Alifa. Fue un trabajo muy intenso, ensayábamos acá (Laboratorio Teatral). Es un personaje que se las trae, ella es un cuestionamiento al poder, es una obra muy política, de amor, de pasión y dolor. Esa lucha de poderes. Gilberto me ayudó a llegar ahí, bajo su dirección. Gilberto es muy exigente. |
Particularmente, ¿cómo se siente al prestar su cuerpo y su conciencia a tantas mujeres, mujeres de la historia, son varios personajes que marcan cada época?
Bueno, yo siempre en el transcurso de mi trabajo como actriz siempre me han gustado estas obras con un contenido político, porque pienso que uno como actor tiene una gran responsabilidad con el espectador. Yo respeto mucho el teatro comercial, cada quien, yo lo respeto mucho, porque es un esfuerzo hagan lo que hagan. Pero siempre he creído que el teatro es un hecho social. Pienso que hay pocos grupos que todavía tienen ése estilo, que son como el TET, el Actoral 80, el Rajatabla, como Costa (Palamides) que hace unos trabajos extraordinarios. Al público hay que enseñarlo y lo estamos malacostumbrando. Estamos viviendo una época muy dura, no, no, ésa época tenemos que vivirla todos. Y no por eso yo me voy a poner a hacer dos arriba y tres abajo, no puedo. Y estoy acostumbrada a que haya trabajado con directores como Ugo Ulive que montaba ese tipo de obra con un contenido social-político extraordinario. Carlos Giménez con unos espectáculos rimbombantes, pero con un contenido mundial.
Y es que el corazón de Francis Rueda es arrebatado también por la dramaturgia nacional. Cabrujas, Chalbaud, Rengifo, Pinto, Santana y el joven Palencia son las voces de la dramaturgia que más busca esta actriz. Rueda reconoce el prestigio y la palabra dramática en cada una de las obras de estos escritores y esto le ha permitido explorar y encontrar infinidades de emociones e ideales. Sin embargo, reclama a los jóvenes dramaturgos venezolanos revivir el interés por los problemas locales que siempre se han devorado a la sociedad.
Cambiando el tema de los personajes, ¿qué me puede contar de su vida en la Escuela Superior de Artes Escénicas Juana Sujo?
Yo era una adolescente. Siempre me gustó el teatro y mi primera experiencia con el teatro fue un actor chileno que conocí llamado Manuel Poblete. Yo tuve una relación muy linda con él y me adoptó como su hija. Él estaba haciendo una obra, los Incendiarios de Max Frisch, y me llevó a verla en el Teatro Nacional. Y tú no te imaginas lo que significó para mí ver que los actores podías tocarlos, era la primera vez en mi vida que iba al teatro, las luces, el vestuario, los veía y estaban ahí en ése feek back con el público y a mí eso me mató. Yo quería ser bailarina clásica, pero ese día me deslumbré. Cuando tuve quince años salió un anuncio en el periódico que se abrían las inscripciones para la Juana Sujo, me fui escondida y me averigüé cómo me iba hasta allá ¡Fue una locura! El director se llamaba Porfirio Rodríguez, llegué y me presenté ante él con mi vocecita de niña, me negó por mi edad. Conocí a Doris Wells, que estudiamos en el mismo liceo, ella había estudiado en la Juana Sujo a los trece años. La llamé y le conté todo. Ella fue alumna de Juana Sujo y amiga de Porfirio. Y por ella entré, a los quince años, ya iba cumplir los dieciséis. Y era increíble aquello. Para mí fue un cambio, mi crianza es en la que te consienten mucho. Llegué “toñeca”. Todo me daba vaina, que si agarrar, besar, aquella era horrible para mí. Era la menor de la escuela y fue una experiencia bellísima, porque todo el mundo me adoptó, me adoraban. El primer año fue mi duro, Gilberto desaprobó mi trabajo y eso me marcó tanto, me golpeó tanto, porque era el carácter. Empecé a progresar en todo y cuando tenía los tres años ya estaba haciendo trabajos a nivel profesional. Me habían llamado del ateneo para hacer una obra de Nelson Rodrígues, que era más polémico. Todos los profesores que tuve fueron extraordinarios, que antes eran los más importantes: la voz, el cuerpo, la historia del teatro y la actuación. Para mí la escuela fue fundamental, claro, no he dejado de estar siempre como en el tapete, hago talleres. Tienes que estar todo el tiempo montado en un escenario y haciendo los talleres. Tú no terminas nunca esta carrera.
En la carrera de un intérprete hay muchos amigos, pero pocos sobrepasan el límite y llegan a ser considerados ángeles. Para Francis Rueda sus ángeles han sido pocos, entre ellos Porfirio Rodríguez que la apoyó durante su carrera en la Juana Sujo, Carlos Giménez con el que mantuvo una amistad muy profunda y de altísimo nivel profesional, Ugo Ulive que fue uno de sus primeros directores y gran compañero de vida y Horacio Peterson con quien compartió con cantos y duendes los trabajos del Laboratorio Teatral. Estos grandes hombres, con que compartió gratos y agrios momentos y bellísimas actuaciones, “siempre los llevará en su corazón”
Tú eres especial, porque has compartido con esa oleada de inmigrantes, Juana Sujo, Horacio Peterson, Giménez y Venezuela los recibió, compartiste con ellos, viviste esa relación con ellos y que todavía sigues viviendo… Tengo una pequeña curiosidad, ¿quién es Gilberto Pinto?
Bueno, Gilberto fue mi maestro, fue un hombre que compartió toda mi experiencia profesional, porque nunca falló a ningún espectáculo que yo hacía. Nunca me dirigió, sino ahora cuando nos casamos. Fui una de las alumnas más sobresalientes, después que me dijera que no iba a servir para nada como actriz. Siempre estuvo muy pendiente de mí. No fallaba nunca, siempre me llamaba. Yo un día terminé una relación de diez años, esa relación se acabó y para mí fue como si me quitaran un brazo. Y él fue muy hábil en reconquistarme, pero muy paciente, porque yo nada. No quería saber nada de él. Fue muy hábil y fue uno de los regalos más grandes que me ha dado la vida, porque ha sido un hombre maravilloso como marido, como maestro, como padre. Fue como la lotería. Me gané mi lotería.
Gilberto es un director como Carlos Giménez de estricto y Ulive también. Creo que Gilberto ha sido el más estricto de todos los directores con que he trabajado, porque es muy meticuloso y es crítico hasta de lo que tú no tienes idea. Nunca te dice si vas bien. Nunca me ha dicho que estoy bien y cuando me dice que estoy bien, lo dice con un recelo. Lo que hace es pedirme, pero es buenísimo como director, te saca todo. Y es muy culto, ¡tiene un archivo! Me tiene la casa repleta, ha regalado libros, pero los archivos son impresionantes. Como te enriqueces, es una maravilla… Bueno, el es virgo, yo no sé si es verdad eso lo de los signos, pero... El va marcando todo, movimiento por movimiento, es una cosa impresionante.
¿Qué significa para ti y para las artes escénicas del país la agrupación El Teatro del Duende?
El Teatro del Duende es el grupo más longevo que hay en este país. Tiene cincuenta y tres años. Este grupo lo fundó Gilberto en los años cincuenta con Márquez Páez, que fue también mi profesor de historia del teatro en la escuela, que es hermano de él, que fue también actor y director de teatro. Alberto Álvarez, que murió hace dos años, que trabajó conmigo muchísimo y que fue muy buen actor. Eran cinco con Gilberto y Gustavo González los que fundaron. Hicieron toda la dramaturgia nacional y universal que te puedas imaginar. |
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En el año ochenta y nueve-noventa, como ya tenían como cuatro años sin actividad, Gilberto me comenta que escribe un monólogo, Lucrecia, la mantuana, para estrenarlo con la reaparición del Teatro del Duende y a partir de ahí se le dio vida hasta ahora. Yo tengo dieciocho años en esta agrupación. Y hemos hecho de todo, toda la obra de él, de Camus, O’Neill. Gilberto es un animal político, siempre ha sido toda su vida de izquierda y todas sus obras son políticas. Hacemos ese tipo de teatro y el teatro universal, Camus, Becket, Strindberg… Gilberto se va y yo seguiré con Teatro del Duende.
Directores y dramaturgos dejan su huella en actores y actrices por igual. Sin embargo, los personajes son como un abismo entre el recuerdo y su sola presencia como personaje. Para Francis Rueda todos sus personajes son importantes desde el más sencillo hasta el más profundo. La mantuana Laurencia que se cuestiona a sí misma y a la sociedad, una novicia creída Ángel de Dios y bendecida por los íntimos dones del espíritu santo, Petra y su desdoblamiento en la vieja de Casalta, un malentendido desde los ojos de Marta y la transformación del Cloe de Becket en una desdichada Cloe son las personajes que han convertido a Francis Rueda en cuarenta y dos años de profesionalismo y de exploración en ese misterio que rodea al personaje.
Es muy particular el cómo trabajas cada uno… ¿Qué me puedes decir del teatro, de la puesta en escena, de esa energía, de como dicen: “de ese duende que camina por el escenario”?
Yo siempre he dicho que el teatro es magia. Como digo en el espectáculo: “es una caja mágica donde se expresa la ilusión de un mundo que a veces resulta ser más verdadero que el mundo real.” El teatro humaniza, es algo extraordinario. Yo creo que todas las artes son maravillosas, pero el teatro te acerca a todo lo qué es humano. Es grandioso, es tan grande. La gente se conmueve, el teatro ha sido lo más grande. La mujer Helene Weigel, que era la mujer de Brecht, ella decía: “Nosotros hacíamos posible que el mundo fuera más vivible, los actores.” Para mí es un ritual. Cuando tengo un espectáculo siempre llego dos horas y media antes, porque me gusta prepararme en mi camerino y estar como media hora antes en el sitio con las cosas que voy a tocar, me gusta acostarme, manosear mis cosas. El teatro es un ritual. Coincido mucho con el actor Luigi Sciamanna, Luigi es así. Y Fernando Gómez, peor que yo, es todo un maestro. Me encanta eso, llegar tranquila, beber mi manzanilla, pasar mi texto todo, como tú no te puedes imaginar para que no tener fallas de nada.
Es muy valioso todo lo que has dicho, ¿y de Venezuela, de su teatro, regionalmente qué me puedes decir?
Venezuela es un país muy joven. No tenemos esa tradición que tiene Europa y Oriente, uno la envidia, pero soy feliz porque somos un país joven y como tal hay una dramaturgia joven. Que tiene que embraguetarse (sic), porque la historia que tienen hacia atrás, son gente que le ha echado pichón como Cabrujas, Chocrón, Chalbaud, Santana, Lasser, Rengifo. Hay jóvenes que están como aislados del problema, no puede ser a nivel individual. A nivel actoral hay talento emergente bueno, hay mucha gente joven buena, actrices y actores. Como dicen: “Le roncan los motores.” Yo voy mucho al teatro a ver, a mí me encanta ver a los muchachos y veo que hay gente de gente fabulosa. Yo pienso que vamos por buen camino, a pesar de que hemos estado muy encorsetados, de que no hemos tenido la ayuda necesaria que debe tener el teatro. Queremos hacer una obra y no se puede porque no te dan el dinero suficiente para crear. Y creo que el Estado tiene una obligación de velar por el teatro de arte, no estoy hablando de otro, sino de arte. Queremos hacer una obra que le dedicaron a Gilberto y se llama La visita de los generales sobre esa confrontación atómica que estamos viviendo. Son cinco actores que tienen que ser los cinco actores ya maduros, pero vale esos actores cobran. Tú no puedes hacer esa obra, porque para hacerla mal, prefiero no hacerla. Un decorado que requiere y cada día todo está más caro… Y estamos en una situación, aunque estamos haciendo teatro, coye se está haciendo teatro, pero como decimos: “teatro pobre.” Con los mínimos elementos. Tú ves lo mío, es un arcón con los elementos que he utilizado en las obras que he hecho, más nada, porque sino imagínate tú.
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Me interesa mucho esta pregunta…
¡Ay, Dios mío, este hombre si me ha preguntado!
Son cuarenta y dos años de profesión, te atreverías a revelar el misterio de la creación teatral… ¿En dónde reside el misterio de la creación actoral, esa prolongación de la niñez, la inclinación a jugar a ser otro, el placer y de la angustia de la transfiguración?
Es un misterio. Tú sabes que para mí, para mí es como un salto al vacío, porque tú no sabes lo que va a pasar. Sigue siendo un enigma y un misterio. Todo lo que te he dicho, claro, ya el arte de la actuación se ha vuelto científico, cada vez más científico. Se estudia muchísimo. Pero el arte de la creación, de esa transfiguración de ser otro, de ese darse, es ése misterio. Cada actor tiene su metodología, su manera de enfrentar el trabajo, que eso lo vas adquiriendo con el tiempo, pero a partir de ahí tú vas entrelazando lo que te sirva, pero sigue siendo un misterio. Cuando hice esa Petra, vi la foto y dije esa no soy yo. Es una cosa como una bendición, porque a veces no soy yo. No soy yo. En el escenario soy una vaina impresionante, con todo, es una vaina. Yo no soy Francis Rueda ahí. Si vas a ponerla o no vas a ponerla. En la creación, ya darte, ya meterte en el cuerpo del personaje, que él va delante y yo atrás. Ya eso es un misterio.
Y como Corriente Alterna es para jóvenes ¿qué le dice a los jóvenes de hoy y a aquellos que quieren, y están, en el teatro?
Que esta profesión es muy difícil, que todo el mundo quiere ser actor, pero de toda esa cantidad de gente que quieren ser actor y lo intentan, estoy segura que quedan lo que son. Hay que estudiar mucho, ser consecuente, sacrificar muchas cosas. Aunque para mí, nunca ha sido sacrificada esta profesión, porque es divina. A veces hay que sacrificar, hasta la familia. Es una profesión muy dura, muy difícil, muy competitiva. Tú tienes que luchar por ser el mejor. Tienen que ir al cine, al teatro, tienen que leer, tienen que amarla. No es por el afán de lucro, que es lo que está matando ahora esta profesión. No es que mi trabajo no valga, pero me dicen: “Vamos a hacer una obra, aquí en el Laboratorio para las comunidades. Yo la hago gratis. Vamos a hacer una obra para contribuir con los niños con sida. Yo la hago.” Te lo juro, yo sigo con eso. Pero sí hay que prepararse muchísimo. Insisto en que tienen que trabajar mucho la voz, porque de repente vas a ver obras y no se les oye. No es fácil, no es nada fácil. Hay mucha gente buena, estudiosa, pero eso es lo primordial para permanecer, no es tan sólo pasar por allí y ya. |