Earle Herrera en Corriente-alterna.net
 
 
Del 15 de Mayo al 15 deJunio 2004 #12
Earle Herrera: "El arte o la cultura en general no han sido nunca fenómenos masivos"

Por: Hilario Ruiz Lazo.
Fotos Alejandro Sebasiani

      Earle Herrera no es de esos hombres que responderían rápidamente si se le llegase a preguntar cuál es la vocación de su vida. Periodista, Narrador, Cronista, Poeta, Profesor universitario y Locutor llegan a ser sólo una cantidad de tonalidades entre el gris y el negro, que se usarían para definir los rasgos de una personalidad dedicada a intereses constantes, casi invariables a través del tiempo. El equipo de Corriente-Alterna.net se reunió con el autor de Sábado Que Nunca Llega, A la muerte le gusta Jugar A los Espejos, Penúltima Tarde y La Magia de La Crónica entre otros libros que son referencias prácticamente obligadas dentro de la narrativa breve venezolana.

     ¿Qué está haciendo Earle herrera ahora dentro de lo literario?

     En estos momentos en medio de esta marabunta política, está uno más reclamado por la situación del país que por la creación literaria. Pero no podríamos señalar que sea la situación del país que lo ha tenido a uno alejado de la creación literaria, sino el mismo trabajo periodístico y académico. Yo siempre digo dentro del periodismo que cada vez que uno escribe un artículo pudo haber perdido un cuento. Si el esfuerzo que pusiste en escribir un artículo o una crónica, lo hubieras dedicado más bien al trabajo creativo, el periodismo Se termina convirtiendo en una especie de esclavitud de reclamo y siempre quieres hacer como los deportistas, siempre te estás retirando del trabajo cotidiano, semanal, y nunca te retiras. Es como esos boxeadores que no quieren retirarse hasta el último Nock Out, pero como en el periodismo y la literatura eso no existe, nunca te retiras.
Otra es el trabajo académico. Cuando la universidad le pide a uno estar investigando permanentemente y esto se asume con responsabilidad, a uno le resta tiempo para el trabajo creativo, por lo que generalmente se trata de dos disciplinas el trabajo de investigación y el trabajo periodístico.
     Siempre he dicho que si yo tuviera un trabajo, manual, si fuera albañil, carpintero o chofer, uno llegara a su casa y pudiera escribir. Pero cuando uno está todo el día escribiendo llegar a su casa para escribir es una locura; llegas agotado, disperso y bloqueado de ideas, pensando en el artículo o la respuestas que vas a dar mañana en el periódico, y tienes ese conflicto, aunque siempre está el creador por allí y van quedando relatos o poemas que vas rayando y que los tienes guardados. Yo debo tener un libro de cuentos inéditos que no he publicado, algunos tienen hasta más de ocho años en esa condición, así como trabajos de poesía.
Intenté escribir una novela, creo que la escribí y luego yo mismo me encargue de desaparecerla, para no someterla al escarnio público.
     En este momento estoy más reclamado por la situación del país, entonces vivo en foros, en conferencias, vivo viajando y por supuesto eso te sustrae del trabajo literario que exige una disciplina importante. Siempre recuerdo un frase que me decía el escritor Oswaldo Trejo, que es que hay disciplinas en la vida que son muy egoístas que no te permite ningún tipo de descanso, como otras disciplinas una de ellas es el arte, que te exige dedicación exclusiva tiempo completo.

     Pareciera que existen dos vertientes en sus trabajos. A través de las crónicas lo cotidiano, y a través de los cuentos, la muerte. ¿Por que siempre mora en estos temas?

     Yo estoy de acuerdo con algo que decía Luis Brito García y es que todos lo temas ya están tratados y agotados. Todos lo temas están en la Biblia. Uno toma la Biblia y allí consigue todos lo temas, lo que hacemos ahora son distintas formas de abordarlos y tratarlos. El tono de la muerte nunca lo hice como una preocupación sino que vi la muerte como un momento límite para la mayoría de las personas de tradición judeo cristiana, como una fatalidad, y traté de quitarle con el recurso del humor, toda esa solemnidad, porque eso era una especie de diálogo, bajarlo. En una época formó parte de mi creación literaria aunque ya como tema no me atrae tanto.

     En Venezuela siempre existe la predisposición a deja lo que es cultural de lado y encargarse de otras cosas. ¿Piensa que todavía eso sigue siendo así?

     Si. No sé si el arte o la cultura en general no han sido nunca fenómenos masivos y por eso es que reciben este tratamiento. Independientemente de la tendencia política que esté en el gobierno, siempre el poder ha visto un poco por encima del hombro la creación artística. Si tu eres de izquierda, como lo soy yo, y tu escribes poemas los compañeros militantes te verán a ti como el poetica, y con eso ya te están ubicando. Entonces tú eres el tipo que no estás ubicado en lo terrenal, el que anda con desvaríos y divagando y hay esa subestimación de lo que es el trabajo artístico-cultural vista desde el punto de vista de la política. Pero creo que siempre ha sido así y seguirá siendo así. Pero hay que fijarse que lo trascendente no es lo que hacen los políticos sino lo que hacen los artistas.

     Pareciera que se están quedando sin generación de relevo los escritores de la vieja guardia, por llamarlos de alguna manera. ¿Eso es así, o siente que hay nuevos talentos actualmente?

     Nosotros empezamos un programa de televisión que se llama golpe de gracia, que no sabemos si va a continuar saliendo. Allí hay una sección que se llama el kiosco y la cantidad de libros que ha llegado allí te demuestra que sigue habiendo creación literaria en el país, en diferentes partes de Venezuela, por lo que hay un problema de difusión y de comunicación entre nosotros mismos.
     Cuando tú viajas al interior en cada pueblo te consigues con un grupo cultural, a veces que se mueve dentro del ateneo y la casa de la cultura o ajeno a esas instituciones y que está trabajando la literatura, la pintura el teatro y que solamente es un problema de discusión, pero eso no importa. Yo creo que sí existe esa generación, existen muchos jóvenes preocupados por la creación cultural y que no han contado con el apoyo que necesitan para la difusión de su trabajo creativo.
     Ahora, que no hayan surgido algunos grandes nombres, bueno eso es relativo. Realmente en las sociedades de masa como la nuestra los grandes nombres se conocen a través de los medios de comunicación social. Los medios de comunicación están imbuidos en estos momentos en la agenda política, pero a demás de eso ya antes el pragmatismo, hasta cierto punto una ideología imperante de la ganancia, del comercio había ido ya segregando la crítica literaria, más bien la crítica artística en general. Han desaparecido columnas donde se hablaba de pintura, de teatro de literatura y lo último, como para dar la estocada, desaparecieron entonces los suplementos culturales. Algo tan emblemático como lo era el Papel Literario de El Nacional, independientemente del juicio que tengamos de su calidad en un determinado momento, porque no hay duda de que fue una iniciativa extraordinaria de Miguel Otero Silva y que era un lugar de encuentro. Otra era la página que dirigía Patricia Guzmán en el Universal, también desapareció y un suplemento cultural de Últimas Noticias que realmente llenó una época.
     Últimas Noticias que en un determinado momento se caracterizaba por ser no sólo un periódico popular sino un periódico amarillista, lo salvaba que tenía todos los domingos un suplemento cultural en donde habían creación literaria, ensayos, entrevistas y era bien importante y también desapareció porque no deja ganancias. Aquí lo que prosperó no fue el asunto cultural sino el asunto mercantil, por lo que los jóvenes ya no tienen acceso a donde publicar, por que al fin y al cabo cuando yo tenía veinte o veinticinco años me publicaban un relato en el Papel Literario o en el universal, y eso era importante, no sólo por la satisfacción de ver tu trabajo publicado y difundido, sino que este llegaba a otra gente y te conseguías con otras personas que estaban haciendo lo mismo y que intercambiaban ideas a través de esos medios y después vino la otra parte que fue la situación económica del país, la progresiva devaluación de la moneda que impide que por iniciativa propia se saquen revistas, ya que esto resulta sumamente caro. Pero eso no quiere decir que no existan jóvenes generaciones trabajando en la creación literaria.

     ¿Cómo se podría ayudar a que nazca una nueva generación de nuevos talentos en lo que es el arte y la literatura?

     Primero creo que ustedes lo están haciendo a través de su página. Creo que Internet democratiza en ese sentido un poco el asunto, si uno no lo puede hacer a través de periódicos. Sabemos las limitaciones que puede tener lo que es digital, en cuanto a la publicación, pero creo que también el estado debe asumir el papel de ser difusor cultural; no el que hace la cultura, si no el que la promueve y el que permite que salga el libro y que se monte la obra de teatro y que ese exponga el cuadro del pintor, y para los que hacen música tengan el espacio donde montarse, eso creo que sería lo importante.

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     Su primer libro fue A la muerte le gusta jugar a los espejos, entonces…

     No espérate. Déjame explicarte algo. El primer libro que yo escribí se llama Sábado que Nunca Llega. Yo lo entregué a Monte Ávila Editores, para eso yo tenía como veinticuatro años y trabajaba en el universal, aún no me había graduado de periodista pero hacía cultura en el universal y la que hacia cultura para el periódico al mismo tiempo era directora de relaciones públicas de monte Ávila.
Ella llevó mi libro, sabes que allí nombran una comisión de lectores y el libro estuvo cinco años en cola. Pasado ese tiempo apareció, eso es lo que se lleva por lo general un libro allí a menos que sea de un escritor reconocido. Tuvo cinco años, y ese fue el primer libro que escribí.
     En ese lapso participé en un taller literario en el Rómulo Gallegos, y este libro me lo publicó el taller, A La Muerte Le Gusta Jugar a Los Espejos lo escribí después de aquel, aunque A La Muerte Le Gusta Jugar a Los Espejos apareció primero. Por eso es que me da risa una crítica que hizo alguien, diciendo que leyó este libro y luego leyó el segundo Sábado que Nunca Llega que en realidad fue el primero mío y esa persona público que Earle Herrera había involucionado. Inclusive tengo un libro de poesía de la misma época que fue Penúltima Tarde. Con el que me gané el Premio Municipal de Poesía y que fue editado también por Monte Ávila. La cronología no quiere decir nada para un autor.

     ¿Cómo fue el proceso de escribir ese primer libro? muchos de los que leen la página en especial la parte de poesía tienen el interés de publicar un libro, por lo que sería interesante saber cómo realizó el primero.

     A Esa gente que quiere escribir le digo algo que dijo Arturo Uslar Pietri una vez, y es que para aprender a nadar lo que hay es que lanzarse al agua. Tu te lanzas con el temor de que te puedes ahogar, ese temor nunca lo vas a vencer si no te lanzas. Así pasa con la literatura. Quizá parezca un tópico lo que estoy diciendo, pero no puedo decirlo de otra manera.
Siempre estuve escribiendo desde bachillerato, quizá por un abuelo mío que era coplero. A mi me gustaba como lo hacía y yo me ponía a improvisar con él pero ciertamente no era una persona con una educación literaria. Eso me fue llevando un poco a leer poesía, sobre todo lo que es la poesía llanera, y sin uno darse cuenta alguna persona descubre que uno puede escribir ciertas cosas y en mi pueblo, allá en el tigrito cada vez que elegían una reina de carnaval, me llamaban a mi para que yo escribiera el decreto de la reina. Como te imaginarás me burlaba de todo el mundo.
     También influyó que mi mamá y yo estudiamos juntos. Cuando estaba en sexto grado los dos estábamos en sexto, ella de noche y yo de día, ella me llevaba a mi de noche para que la acompañara, por lo que yo estudie dos veces. Ocurre que ella cuando estaba en ese grado, funda el sindicato de la salud en el tigre, y cada vez que había un acto ella me pedía que yo le hiciera los discursos.
     Todo eso me fue dando, sin yo tener conciencia, una relación con la palabra, que cuando llegue a la universidad me fue muy útil. También el ambiente era el propicio para todo esto.
Aquí en la universidad central de Venezuela, en el 68 cuando llego yo aquí, había una realidad internacional que era el mayo francés, este fue un movimiento además de político, altamente poético, con todas sus consignas con todas aquellas culturas que fueron recogidas en libros, y aquí en la universidad central estaba en pleno apogeo el proceso de renovación académica que fue también altamente poético. No es casual que esto naciera por la escuela de letras, y que la consigna que estaba a la entrada de la escuela era Cervantes, camarada, tu muerte será vengada.
     Aparecieron en ese lapso una gran cantidad de de periodiquitos aquí en la UCV. La lucha se daba en ese campo de los periódicos y nosotros los hacíamos aquí utilizando mucho la ficción, con poemas y con cuentos para reflejar una realidad que nosotros queríamos ir más allá del simple panfleto, de estar denunciando nombres y apellidos de gentes, sino haciendo creación literaria. Y al lado de esa gran creación de periódicos que nadie correspondió y que aparecían en la Escuela de Letras, Sociología y Comunicación Social, en esas tres escuelas, al lado de eso la universidad estaba llena de periódicos murales.
Recuerdo que un día me dice Pedro Duno, que era profesor de filosofía ¿por qué no escribes cuentos, si eso es lo que estas haciendo? Y yo me puse a escribir cuentos.
     El primer cuento que escribí así, digamos que me lo tomé en serio que hoy lo veo hasta cierto punto con una sonrisa, por que me parece que tiene bastante de ingenuidad, se llamó cara e gato. Trataba de un niño que mira como destruyen su pueblo, y que hasta cierto punto fue un relato muy realista por que fue una experiencia que yo había vivido. Sabes que las compañías petroleras cuando se iban de un campamento destruían todas las viviendas, sobre todo si el campamento no era grande como este caso como fue en de San Tomé, un kilómetro más allá estaba un campo llamado La Leona que eran casas con todos los servicios de las compañías petroleras, aunque tenían una o dos calles nada más.
     Una vez que ese pozo ya no lo siguieron trabajando, arrasaron con todas esas viviendas cuando alrededor vivían campesinos y todo que no tenían casas, y uno pasaba por allí y veía casas, niños corriendo y al día siguiente ya no veía nada más que la sabana. Por eso escribí ese relato y lo mande como cosa mía para un concurso que había en ese momento en la universidad de los andes, y me gané ese premio. Eso realmente me hizo seguir por ese camino escribiendo relatos que partieron por allí y que dieron origen al libro sábado que nunca llega. Por que seguí escribiendo cuentos y guardando, y me conseguí con Olga González que me dijo que se lo llevara y se lo lleve en forma de libro. No fue que me propuse a escribir el libro; este se hizo solo, prácticamente

     ¿Su último libro publicado fue Nueve Milímetros?

     Fíjate que no sé. Hay unos libros que son Caracas Nueve Milímetros y A Diecinueve Pulgadas de la Eternidad que no fueron concebidos como libros.

     El primero es la recolección de una serie de crónicas periodísticas que fui escribiendo en el diario el nacional, algunas son inéditas y algunas las escribí para el libro. Pero la mayoría de ellas son crónicas periodísticas, que aunque tienen un contenido literario son muy puntuales de unas situaciones determinadas.     9mm tenía que ver con la violencia en Caracas. A Diecinueve Pulgadas de la Eternidad el titulo viene de un caso que ocurrió, de alguien que lo mataron tratando de saquear un aparato de televisión, el 27 de febrero del 89 él no sabía si lo que estaba viendo en la pantalla de televisión era real, ya que está viendo en la pantalla los saqueos y comienza a participar en ellos. La ciudad estaba en la pantalla. Al final muere. Ese es un hecho real, que sucedió en la avenida San Martín.
Mi último libro realmente no está publicado. En realidad es una tesis que hice que se llama Periodismo, Literatura y Violencia, que es de ensayos, no narrativa, y que trata también sobre los casos del 27 de febrero. Trato de hacer un análisis comparativo entre los textos literarios que originó el 27 de febrero de los que hice una selección, los textos periodísticos que originó ese suceso, y como los periodistas usaron recursos de la literatura para poder expresar ese fenómeno, y a la vez cómo lo vieron un grupo de escritores, y como ellos usaron recursos del periodismo también. De allí seleccioné algunos cuentos de Carlos noguera y de Marcos Tarre Briceño; Argenis Rodríguez escribió una novela titulada Febrero; William Osuna escribió un poema; Gustavo infante escribió un relato breve sobre estos hechos y así muchos más. Entonces me pregunté cómo un fenómeno violento como este provocó la escritura tanto de los periodistas que es su oficio, pero también de los escritores que se vieron en la necesidad de expresarlo literariamente. Ese es el último trabajo que realicé y que debe salir publicado este año. Unas personas del interior, del Fondo Editorial del Caribe, que es una editorial de Anzoátegui, me pidieron ese texto y yo se lo entregué ese es el último que fue periodismo de investigación y análisis literario.-