Lo decía la publicidad. Lo decían las notas de prensa. Jorge Drexler no necesita más que su voz y su guitarra para conectar con el público. Debíamos entonces comprobarlo, y la austera presentación del cantautor uruguayo lo confirmó. Jorge Drexler puede tocar sin una banda, incluso puede prescindir de los sutiles efectos electrónicos que escuchamos en sus discos, aunque, sorpresivamente, estos forman parte de su show. Un cantautor del siglo 21 el cual se acompaña con algunos samples y compone grabando en una laptop.
La representación nacional estuvo a cargo de Roque Valero. Bastante afinado y arreglado, al gusto de audiencias masivas. No hay nada de malo en su música y tampoco en las letras (las cuales son trabajadas y escritas por él mismo) sin embargo tiene ese sabor a música de telenovela que lo convierte quizás en el Hany Kauam de Venevisión, un poco antipático para quienes preferimos oir cosas menos masivas, pero decente dentro de lo comercial. Se presentó con la compañía de un violinista y un pianista, y fue del gusto de parte de la audiencia. Otros (incluyéndome) esperaban con ansías la performance de Drexler.
12 Segundos de Oscuridad fue el tema con el cual abrió Jorge Drexler, tema homónimo de su último disco. El reflector simulando un faro naval servía de respaldo visual al sonido sampleado de un guía marítimo. La sorpresa de la noche fue una versión de Simón Diaz. “La aprendí hoy en el hotel” aseguró, y aunque sonase difícil de creer, poco importaba si tenía tiempo practicándola, porque estaba cargada de sentimiento. Drexler es un artista maduro desde su primer disco, porque grabó su primer trabajo en plena adultez, y porque el éxito lo alcanzó cuando ya no era un adolescente caprichoso.
Drexler es un cantautor latinoamericano ajeno a los sonidos predominantes en el continente. No hace pop latino con letras románticas, tampoco hace música de protesta al estilo de la trova cubana. De hecho no tiene nada de político, pese a componer el tema central de Diarios de Motocicleta o haber hecho una declaración indirecta respecto a lo de Alejandro Sanz en el Poliedro. Su compromiso es con el arte. Su trabajo lírico consiste en reflexionar acerca de cuestiones tan evidentes que nunca tomamos en cuenta. Es una cualidad que tienen los grandes poetas.
A diferencia de lo que podíamos creer, muchos de los asistentes conocían la mayoría del repertorio del cantante y no su one hit wonder, lo cual demuestra la madurez de un público venezolano, quien en otra época se hubiese fastidiado escuchando temas desconocidos esperando la canción éxito. Ese tema por cierto, el de la película Diarios de Motocicleta fue interpretado a capella. Así la canta Jorge desde aquella noche de la entrega del Oscar en la cual, tras arrebatarle la academia el derecho a interpretar su propia canción, la cantó al recibir el premio.
Un concierto sencillo pero bien presentado. |