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por: Ernesto Soltero

La película del Domingo: en defensa del cine hollywoodense y ultra comercial

El abogado no estaba muerto, estaba de parranda. Este mes defenderemos algo del gusto de las mayorías pero considerado malo por quienes tienen el monopolio del buen gusto. Carros que explotan, futuros apocalípticos, héroes, villanos, víctimas…todo eso verán en esta nueva entrega de la columna.                    
Ernesto Soltero

Queridos amigos. He regresado, cuando nadie me esperaba, para seguir amparando lo que muchos consideran indefendible. Me frustra, por cierto, saber la cantidad de prejuicios estúpidos existentes, entre “los entendidos”, acerca de la llamada cultura de masas. Más risa da cuando las críticas al “arte del populacho” vienen de aquellos hipócritas los cuales, por razones políticas, siempre hablan bonito de un pueblo al cual en el fondo consideran bruto. El abogado del diablo defiende el derecho a llamarse “Yuleisi”, escuchar reggeton y usar pantalones rojos de tubito. El abogado del diablo defiende el derecho a ver películas predecibles con muchas explosiones y alguna escenita romántica. Si a Usted le da risa todo esto que acabo de decir, si considera de mal gusto que alguien defienda semejantes aberraciones culturales, entonces déjeme decirle lo siguiente: es de Usted que me estoy burlando, no de aquellas cosas que considera chabacanas.  Hablaremos hoy del subvaluado cine comercial hollywoodense.

Los prejuicios ante el cine de “joligud”

  ¿Cuántos de nosotros, que crecimos en los años 80/90 no nos acordamos de filmes como Robocop o Mad Max?¿cuantas veces no vimos sus repeticiones los domingos en la tarde en los dos grandes canales de televisión de nuestro país? ¿Hubo alguna manipulación mediática cuando, voluntariamente, jugábamos en nuestros recreos imitando a los personajes de esos filmes con todas sus balaceras y muertos?. Dudo que un niño, en su sano juicio, pueda ver una película de Godard y terminar jugando a “Sin Aliento” con sus amiguitos. Pero según ciertos analistas de medios y críticos del séptimo arte, el cine comercial hollywoodense, todo, absolutamente todo, es malo, y por ende, sólo hay dos razones por las cuales podríamos ver algo así y disfrutarlo: 1) no conocemos otras opciones 2) somos retardados, porque los medios nos chuparon el cerebro…

 No dudamos de la existencia de bodrios dentro del cine comercial hollywoodense, gran parte de esos filmes pasan por la cartelera sin pena ni gloria. Tampoco dudamos de lo aburrido que resultan ciertas tramas y personajes cliché. No obstante, “los exquisitos”, quienes tienen el monopolio del buen gusto, no se han dado cuenta de que también es grande la cantidad de cintas “domingueras” injustamente criticadas así como la cantidad de “cine de autor” sobrevalorado.  El cine es ante todo, entretenimiento, y nació con esa finalidad. No  está mal hacer cine de autor para cerebritos, pero que así como podemos escoger entre un comic de Garfield y un libro de Platón, podemos escoger entre piratas del Caribe y ciertas películas con una búsqueda  más filosófica.

 El cine de arte y ensayo

  El aspecto filosófico del cine “de arte” muchas veces se queda en la charlatanería. Si el cliché yanqui del héroe viril que salva a una victima nos cansa, también nos desespera ver el típico cine pretencioso que tanto presume de su intelecto sin decir nada. Lo único que entendemos al ver gran parte del cine “de arte” es que sus directores  menosprecian al espectador. Muchos directores experimentaron rompiendo con los esquemas narrativos tradicionales e innovaron, pero también están quienes prescinden de la narrativa por el simple hecho de no saber contar una historia. Realiza un filme de tres horas sin un argumento coherente, llénalo de discursos filosóficos baratos y te ganarás a la crítica especializada. La otra opción es hacer un film más convencional, pero bastante dramático y basado en hechos históricos. Así te ganarás tanto a Cannes como a la Academia que otorga los Oscar.  Por mi parte prefiero leer un buen libro de Bertrand Russel que perder el tiempo descifrando lo que me quiere decir un cineasta con pretensiones filosóficas (¿Cómo te quedó el ojo?¿viste que también tengo curtura?).

La violencia…

No todos los cuestionamientos al cine hollywoodense comercial se basan en la calidad. Otras se basan en lo moral (si, como en el reggeton). Es posible – según algunos anacrónicos expertos -  que esas cintas perjudiquen la salud mental de un niño y lo convierta en un potencial terrorista o malandro. Las películas del domingo por la tarde, según los más reputados comunicólogos (tanto de Harvard como del tecnológico de Guasgualito), tienen un efecto peor en los niños que el hambre, la insalubridad o la familia

 Tenemos entonces un medio preventivo para la violencia: ¿Qué tal colocarle películas de Disney a los presidiarios para que se rehabiliten?. Como efecto secundario puede que terminen hablando como el pato Donald, pero seguramente se comportarán mejor. Y si esa solución a algunos les parece transculturizante, podríamos utilizar comiquitas de Tío Tigre o Tío Conejo…

Algunos clásicos menospreciados por la crítica

  Recuerdo haber visto a una reputada profesora de la escuela de artes hablando mal acerca de The Matrix. Su crítica no era la de una conocedora de la película o su trama, sino la de una persona que vio los trailers y se formó una opinión basada en prejuicios. Si bien, un pequeño porcentaje de la audiencia la criticó por considerar que el film no era más que una mala mezcla entre la new age y el cyberpunk (opinión que no comparto, pero que tiene fundamento), el veredicto de la reputada docente se basaba en otra cosa: “es otro de esos filmes norteamericanos con violencia y efectos especiales”, decía, y  seguramente no la vio.

 Posiblemente otras películas de Hollywood no tienen la profundidad de The Matrix, pero nos pueden hacer pasar un rato agradable y son, incluso, un reflejo de la cosmovisión de una época. ¿No son filmes como Rambo, por ejemplo, un reflejo fiel de los Estados Unidos durante la era Reaggan?¿No es acaso James Bond el cine de la guerra fría?. Quizás a muchos les parezca antipático el anglo-centrismo presente en esas películas, pero es obvio su valor antropológico y sociológico. Traduciendo en cristiano: cuando hagan investigaciones sobre nuestra sociedad en el futuro, encontraran bastante acerca de nuestra civilización en esas cintas, tal como lo hemos hecho en el presente al leer la Odisea de Homero.

  No puedo culminar esta columna sin defender a películas como Mad Max o Robocop, las cuales están entre mis preferidas. Son los típicos filmes etiquetados por muchos como “basura gringa estereotipada” cuando se trata de obras con características muy peculiares, las cuales, sin llegar a ser tan sesudas como Matrix, son más profundas de lo que creemos. La primera entrega de Mad Max es un clásico del cine independiente australiano, y Robocop, en todas sus secuelas (incluyendo las últimas, muy malas) siempre se planteó el tema del miedo a las corporaciones, tan típico de la literatura cyberpunk. Mucho del cine de ciencia ficción de acción mezcla la incertidumbre un tanto pesimista ante el porvenir con escenas más divertidas que las de Star trek (por ejemplo)

 Por otra parte están secuelas para nada futuristas como Arma Mortal o Duro de Matar, las cuales nunca fueron precisamente candidatas al Oscar, pero que quizás están más presentes en nuestra memoria que, por ejemplo “El paciente Inglés”. “Alienado, alienado”me dirán algunos por reconocer mi debilidad por el cine norteamericano más populachero. Yo estaré riéndome como unos cuantos desprecian a las mayorías considerandolas un hormiguero. Se acaba el espacio, y queda la frustración no poder seguir escribiendo. Si consideras que hay algún otro desecho cultural que merezca aparecer en esta sección, no dudes en mandar tu sugerencia al correo ernestosoltero@gmail.com. Fin de la columna                    

  

 

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