Era de noche, la luz opaca de la cocina ambientaba perfectamente nuestra tertulia, un disco de Blur o de Los Panchos o de Juanito Alimaña, lo mismo daba. Era una de esas noches en que las conversaciones llegan así como de casualidad, una palabra lleva a la otra y esa otra a otra, y al final el discurso resultante no es más que un amasijo de tópicos antes inimaginable. Era una de esas noches en las que se habla casi por hablar, en las que se habla por el simple placer de estar hablando, de estar reconstruyendo lo vivido o lo fabulado con la punta de la lengua. Lo cierto es que esa noche hablábamos de cualquier cosa y mientras hablábamos de cualquier cosa, mi amigo Andrés terminó hablando de sus amores online.
Internet se ha convertido en el monopolio del amor mundial, la gente ahora busca el amor en chats, en foros, en blogs, en my space, en fin, en cualquier recoveco de la red que asegure un interlocutor, así que ninguno pareció extrañado cuando Andrés empezó a hablar de sus novias a lo largo y ancho del globo terráqueo, la de Madrid, la de Sonora, la de Noruega, la de Bariloche… Internet es definitivamente un territorio poligámico, un territorio en donde las palabras amorosas viajan en un mar de fibra óptica a través de un pulsar de teclas.
El amor a veces puede formarse de palabras, así como se forman los poemas. El amor online es un castillo de palabras, es una boquita roja que pareciera estar dando un beso, un guiño de un corazón que late, una carita amarilla que nos sonríe desde la pantalla del computador.
Más allá de lo tangible, más allá de lo visible o más bien de lo invisible, queda el sustrato de lo que se dice o de lo que nos fue dicho, y eso, quizás por aquello de verlo escrito, se queda divagando en los recovecos de la memoria. Es muy extraño eso de aferrarse a unas grafías en una pantalla, a unas fotos de una última ida a la playa, recibidas en tu mail.
El amor online, en el mejor de los casos, es una muestra de amor intelectual en su máxima expresión. Entiéndase bien, este amor intelectual del que les hablo, no es aquel amor que a veces surge entre 2 personas, tras largas disertaciones acerca de La genealogía de la moral de Nietzche o del Discurso del método de Descartes. Si digo que es amor intelectual, y discúlpenme los intelectuales por tamaña grosería que diré a continuación, es porque para ambos internautas, esos internautas que se escriben, se re-escriben y se enamoran, ese amor, no es más que el amor hacia una idea. Amar online, no es amar a una persona, amar online, es amar la idea de una persona, o más concretamente, es amar la idea que te haces de una persona.
Así pretendes adivinarlo todo, pretendes conocerlo todo de esa persona, coleccionando detalles que conviertes en símbolos sin más ni más, y que luego interpretas guiándote por mera intuición, el tamaño de la fuente, el tipo, el color, la imagen que muestra en el recuadrito del msn, los nicknames, los mensajes, los guiños que suele utilizar más a menudo, los fondos, el perfil en my space y pare usted de contar.
Sin embargo, a pesar de que hablo del amor, de cierta clase de amor, no puedo decir que todo es color de rosa. Ninguna persona que se precie de estar cuerda ignora que el amor siempre tiene sus pros pero también tiene sus contras. A veces amar online puede convertirse en la entrega absoluta a la creatividad de un extraño, a veces amar online es como amar a un fantasma.
Es un estado de locura colectiva, personas de todas las edades se conocen en salas de chats, toman aviones, viajan hasta llegar a la puerta de la casa del internauta amado, a veces se arrepienten, piensan en la estupidez que han protagonizado, se meten la ilusión en los bolsillos y toman el avión de vuelta a casa, pero lo peor de todo este asunto es que a veces si funciona y entonces proceden a casarse, a comprar perros, a tener hijos, hasta que la muerte o el divorcio los separe y allí entonces es cuando uno se queda boquiabierto intentando descifrar que carajo es lo que está pasando en el mundo. Y no es que enamorarse, o casarse, o comprar perros o tener hijos, esté mal, no, no es eso, lo extraño es que tenga que ocurrir y que ocurra de esta manera tan poco presencial.
En estos momentos, mientras escribo, estoy conectada al msn, dj echo me está hablando, es raro, teníamos un par de semanas, quizás más sin hablar. Pensé que todo había quedado en una invitación declinada, en una manifestación de los límites de mi espíritu aventurero, límites limitados, bien delimitados son posturas necesarias ante la vida, irlos descubriendo es parte de nuestro crecimiento interior, a veces no son nuestras palabras, si no nuestras acciones los puentes que nos conducen hacia las habitaciones ignoradas del yo.
Dj echo, apareció un buen día entre mis contactos, su ventanita en un inglés con severos errores de ortografía titilaba y titilaba. En sus fotos parece un hombre guapo, un hombre bastante guapo, de hecho, vive en Turquía, en una ciudad balneario o algo por estilo, no recuerdo que clase de música mezcla, pero si recuerdo que está algo emparentada con el hip hop, en las fotos siempre aparece con la gorrita colocada de lado como los raperos gringos, las ropas anchas, las guayas de oro adornadas con aquellos dijes excesivamente grandes y brillantes. Tiene un breakdance team, como él lo llama. La globalización es cosa seria, deben estar pensando, pues si, si lo es. Él es el resultado de un amasijo de culturas que se excluyen entre si, el chico es devoto seguidor de Alá, viste de rapero y gira sobre su cabeza en sus tiempos libres, cuando no está en la disco.
Nuestra relación iba bastante bien hasta la proposición, esa proposición casi inevitable y a veces terrrorífica. No diré más, me imaginé en el aeropuerto de Bursa sin poder comunicarme con absolutamente nadie. Habría por allí seguro muchas mujeres con rostros velados, olores a especias desconocidas y un calor verdaderamente infernal, la paranoia de esperar a un total desconocido completaría la inusual estampa, gente que me habla y yo que no entiendo nada, quien sabe quien viene por mi y las cosas más terribles se me ocurren, trata de blancas, lapidaciones, homicidios, secuestros, cercenamientos de clítoris con espinas de pescado, mis manos tiemblan, quiero volver a casa , estoy prácticamente histérica. No puedo decirle a nadie que tengo miedo, que quizás un perturbado esté ya en el lugar acechándome, estudiando mis movimientos… El cazador de ilusiones ha sido finalmente cazado. |